Los pescadores en todo el litoral catalán se han caracterizado por tener una jerga propia, una manera particular de hablar, un lenguaje a veces difícil de desentrañar, aunque sencillo y llano tal y como es su manera de entender la vida.
Carlos Barral decía sentirse con la obligación, por el hecho de ser más alfabeto que ellos, de preservar esta jerga propia. El vocabulario utilizado por el pescador se transmite de forma oral, pero con el tiempo poco a poco y por el desuso, muchas de estas palabras han ido desapareciendo de las conversaciones en la mesa con la familia, o en la taberna. A pesar de que en Calafell todavía quedamos muchos hijos o nietos de pescadores, hemos perdido este lenguaje oral tan particular.
Cuando decimos ninguna todos pensamos ante todo en la parte del cuerpo, cuando antiguamente no había que decir que nos referíamos a una cuerda. Ahora soltamos, en lugar desoltar, o cuando una buena moza baraja las caderas se le mira el culo y no la “popa”.
O incluso ya pocos le dicen “Peso” en el edificio conocido como en el Cofradía.
Listado de algunas de las palabras o frases hechas en desuso: Soltar (soltar), ir a retiro (volver por la noche a casa), azucar (recoger una cabeza, o sea una cuerda), arriar (en marinero se refiere a las velas pero por ejemplo en las casas también se arriaban las persianas, o el pantalón), cobrar (recoger las amarras), gallos (las banderolas que dejan los pescadores en el mar para reconocer dónde han calado las redes o las asas), cuellos (oleadas), palu de barco (evidentemente es un remo, pero se utiliza para decir que algo o alguien es muy alto: "Es más alto que un palo de barco"), orla (pieza de madera que bordea toda la barca tanto por babor como por estribor, temporal (cuando hay muy mala mar), chorrar (recoger la pesca, o recoger cualquier cosa)