La segunda concentración de embarcaciones clásicas de la Cataluña Norte más importante después de la que tiene lugar en Sète es la que se celebra en Port-Vendres, un puerto junto a la bonita población de Colliure, que este año ha organizado una nueva edición bajo el nombre de "Escale à Port-Vendres", que tuvo lugar el fin de semana. Escale à Port-Vendres es un festival marítimo organizado en el puerto natural del mismo nombre, en el corazón de la Côte Vermeill, de cita obligada por los amantes del mar, y donde se reúnen embarcaciones patrimoniales, veleros tradicionales y barcos excepcionales de los diferentes puertos del sur de Francia, Cataluña, y, como cada año, también de Italia y de Portugal, en programa películas de temas marineros y, por supuesto, salidas al mar.
El encuentro de Port-Vendres es famoso entre los aficionados al mar por acoger naves de leyenda, entre ellos, el velero francés de tres palos, Belem de 1896, que es monumento histórico y actualmente hace de barco escuela en Francia; o Vera Cruz, una réplica de las carabelas del siglo XV; o la famosa goleta Le Phoenix, famosa por sus apariciones en cine; o la goleta Miquel Galdenteny, entre otras muchas de menor eslora hasta la treintena. Pero este año Francisca también estuvo, invitada expresamente por la organización para poder mostrar a la comunidad internacional, la magnífica reproducción que manos artesanos hicieron de aquella Francisca de 1915 que acabó pudriéndose en la arena. De esta forma llevamos el nombre de Calafell más allá de Cataluña y todo el mundo la disfrutó. Primero, los tripulantes que realizaron la travesía desde el puerto de Segur al de Port-Vendres, con una escala intermedia en Arenys de Mar para recuperar fuerzas y cambiar de tripulación. Y después el resto de compañeros de la asociación e invitados.
En este tipo de encuentros siempre son muy numerosos los socios que asisten para compartir un fin de semana marinero, y da gusto ver al pelotón calafellense que todo el mundo distingue, incluso a distancia, por el color del uniforme de la tripulación de la Francisca, de color verde floreciente, y del azul de la asociación, todos con el de Cal de la asociación, todos con el.
Todas las actividades fueron magníficas, pero la que más llamó la atención del público, aparte de los vira-vira de las embarcaciones con las velas izadas, fue el simulacro de batalla naval entre Francisca y la embarcación francesa Ange Gardien, con pandillas de trabucaires a bordo de ambas naves. Todo un espectáculo visual.
Acabado el encuentro, Francisca zarpó rumbo al puerto de L'Escala para asistir, 15 días después, al Centenario de Sa Rata, una embarcación construida en Banyuls de la Marenda en 1926, presumiendo su armador, y con razón, porque Sa Rata nunca ha parado de navegar en todos.
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